El Surgimiento del Estado Liberal en España

Los siglos XVIII y sobretodo el XIX fueron de grandes transformaciones políticas en toda Europa. Los regímenes monárquicos absolutistas empezaron a decaer principalmente por la aparición de nuevas formas de concebir la organización política de las naciones, como lo fue el Sistema Liberal, heredado de la Ilustración.


John Locke es considerado como el padre del liberalismo, tanto en el ámbito económico como en el político. Su pensamiento está asociado al optimismo antropológico; Locke mantenía que todos los hombres nacen buenos, libres e iguales y viven en un estado de completa libertad para disponer de sus actos y propiedades; en su estado de “naturaleza” (como el lo llamó) que surge de la razón, el hombre no es un ser agresivo sino de paz, de buena voluntad, de asistencia mutua y conservación. Por ello el hombre es titular de unos derechos naturales que exigen respeto y protección como la propiedad, la vida, la libertad, la felicidad, etc.


Por tanto para Locke la función del Estado debe ser principalmente salvaguardar estos derechos, así como las libertades individuales de los ciudadanos. Este estado debe surgir de un pacto o contrato entre los individuos y sostiene que la soberanía debe emanar del pueblo, al contrario que en el Antiguo Régimen impregnado de absolutismo monárquico y contrario por tanto al pensamiento de Hobbes marcado por el pesimismo antropológico que veía como solución a la tendencia natural al mal del hombre la creación de un Estado Soberano por medio de la razón y del consenso de los hombres que representara al conjunto de estos centralizado el poder en ese Estado, lo que él llamó El “Leviatán”, el Estado como un dios terrenal, “(...)El dios mortal al que debemos, bajo el Dios inmortal, nuestra paz y nuestra defensa” ("Leviatán" - Hobbes) , que podía ser representado por un hombre o un grupo de hombres, y que ejercería el poder de una forma coercitiva, muy al estilo maquiavélico para así garantizar la seguridad y la paz de los hombres que por sí solos no son capaces de lograr sino que tienen a destruirse en una “guerra de todos contra todos” mientras que no tengan un “dios” que les controle, es una forma paternalista de concebir el Estado, ya que da por supuesto que sus súbditos, que ya no son ciudadanos, no son verdaderamente libres sino que están sometidos al poder y protección del gran padre Estado que piensa y decide todas las cosas por ellos, frente al modelo liberal del siglo XIX o el democrático que fue surgiendo posteriormente donde cada hombre es libre de decidir en todas las cosas que le competen a su individualidad y en cuanto a la vida social libre de participar en la vida pública y política de su nación.


Para Locke el Estado también debe tener la función de decidir en controversias entre individuos, ya que dentro de una sociedad el desacuerdo y los conflictos son inevitables puesto que se dan diversidad de opiniones e intereses entre los hombres, por tanto debe buscarse una situación de tolerancia y respeto a la pluralidad. El gobierno debe estar constituido por un Rey y un Parlamento, y en dicho Parlamento es donde debe expresarse la Soberanía Popular a través de la creación de leyes a las que se debe someter tanto el rey como el pueblo. Por tanto la autoridad del Estado debe sostenerse en los principios de esta Soberanía Popular y de legalidad. El poder en ningún momento debe ser absoluto y debe respetar los derechos humanos naturales. Una de las formas de evitar esta centralización del poder es a través de la división de poderes, que anticipándose a Montesquieu, Locke separa en Poder Legislativo y Poder Ejecutivo, y posteriormente también en Poder Judicial; esta es una característica que se convertiría en uno de los fundamentos del futuro sistema político liberal.


Entre estas dos visiones del Estado: el Estado de Derecho que va a defender el liberalismo, frente al Estado Absoluto, transcurren primero en Gran Bretaña ya en el Siglo XVII, posteriormente en Francia en el S. XVIII, a principios de la Revolución Francesa donde surgió el imperio de la ley y el reconocimiento de los derechos fundamentales del ser humano, y en España un siglo después a partir de la Guerra de la Independencia en 1808, de donde se formaron las primeras Cortes en las que participaron diferentes grupos: los absolutistas que defendían el regreso a la monarquía, los ilustrados que defendían las reformas pero sin un carácter revolucionario y luego los liberales que defendían la adopción de reformas inspirados en la Revolución Francesa. En las Cortes de Cádiz (donde se acuñó el término “Liberal”) se creó un cuerpo legislativo de carácter Liberal con la idea de que se produjera en España ese paso definitivo del Estado Absoluto al Estado de Derecho, y producto de esta labor fue la Constitución llamada “La Pepa” en 1812.


Como vemos en gran parte de la Europa de aquella época esta visión absolutista está siendo fuertemente atacada por la nueva visión positivista Liberal heredada de Locke, de la Ilustración, en el contexto histórico del humanismo, el racionalismo y del insnaturalismo.


El liberalismo se va a formar en torno a cuatro grandes ideas fundamentales, una es la división de poderes que ya hemos mencionado antes y de donde emanará la democracia posteriormente.


El segundo punto es el sometimiento de los poderes públicos a la ley para romper con la arbitrariedad de los monarcas y garantizar que los hombres puedan llegar libremente a ese estado de felicidad, punto que hemos también encontrado en el pensamiento de Locke.


La tercera es la formación de un gobierno representativo y la aparición de derechos electorales: el sufragio en el sistema liberal fundamentalmente va a ser censitario, de forma que sólo una élite va a poder acceder al derecho al voto, en base a su nivel económico e intelectual, esta tendencia a favorecer a la élite intelectual y comerciante, es decir, a la clase burguesa, es uno de los lados oscuros de la doctrina liberal, en cuanto a su aplicación social y va a ser lo que va a diferenciar el liberalismo de la democracia, en cuanto a que los defensores de la democracia van a luchar porque se establezca una verdadera igualdad, y un sufragio universal, mientras que el liberalismo se centra más en la idea de libertad, sino el concepto de igualdad más subjetivo para ellos y por tanto necesariamente reformable. Pero hay que entender que este Sistema Liberal fue más positivo que negativo al principio, ya que bajo la perspectiva de una sociedad que ha vivido años bajo regímenes absolutistas, las reformas liberales suponían una libertad que hacía un tiempo las personas ni siquiera soñaban.


Y el cuarto y último punto que define el liberalismo es el derecho moral a la revolución como resistencia ante la tiranía (pensamiento que también defendía Locke), y como muy bien se vio materializado en la Revolución Francesa y en la Guerra Carlista de España, en torno al año 1833, por causa de unas reformas políticas introducidas por Fernando VII que no gustaron a los absolutistas porque fueron medidas liberalizadoras (Estableció un Consejo de Ministros, con seis ministerios, aunque como mero órgano de consulta del Rey, se creó la Bolsa, se aprobó el código de comercio y se fijó un presupuesto anual). Todo esto desembocó en esta guerra en la que se enfrentaban los llamados “Carlistas”, realistas exaltados defensores de la monarquía tradicional, absoluta, respaldada por el Infante Don Carlos V y por el clero tradicional de la Iglesia Católica, y apoyada por los campesinos de Cataluña, Aragón, Navarra y las provincias vascongadas, frente al bando de la idea de la España Liberal, heredera de las Cortes de Cádiz y de la Ilustración, que defiende el Estado de Derecho, la Soberanía del Pueblo, la Constitución y en general los valores liberales, y que contaba con el apoyo del aparato de Estado, de Cristina, Reina Regente (que siguiendo los propósitos de Fernando VII buscaba la ascensión al trono de su hija Isabel II cuando llegara a la mayoría de edad e impedir el acceso al trono del Infante Carlos, hermano de Fernando) y del ejército regular, también de la burguesía y la nobleza.


La Reina Cristiana durante estos años se propuso hacer efectiva la transición del absolutismo al liberalismo y después de siete años de guerra y de muchas luchas por fin se estableció un sistema liberal en España. Para ello se aplicarán medidas como la desamortización de los bienes y tierras del clero, con el propósito de venderlas en las subastas públicas y recaudar dinero para la lucha de la causa liberal. La liberalización del suelo es fundamental para el proyecto liberal, ya que la idea de propiedad es el motor de la sociedad y el sustento de la riqueza de la nación.


Isabel II es proclamada Reina de España con 13 años y se consolida por fin el poder Liberal en España. Se amplía la carta magna en 1845. Se produce un crecimiento económico gracias a la inauguración del ferrocarril. Se establece la educación primaria obligatoria (aunque este objetivo no se logra debido a la falta de recursos económicos de los ayuntamientos y de las familias). La burguesía se convierte en la nueva aristocracia, la nobleza ha perdido sus viejos derechos medievales pero conserva sus propiedades e incluso ha logrado ampliarlas gracias a las subastas de la desamortización, en el campo surge un nuevo grupo de terratenientes que forman una potente burguesía agraria gracias a la compra de terrenos por la desamortización, en las ciudades surgen la burguesía de los negocios, y en general todos estos grupos simpatizan con los liberales, lo que nos muestra claramente esta nueva élite que se ha creado como consecuencia del sistema político Liberal y que discrimina en diversas formas a los que no forman parte de ella.


En conclusión, el sistema liberal trajo grandes ventajas a las sociedades, aunque también tenía sus puntos débiles y finalmente se convertiría en el germen de las actuales democracias y donde se trataría de garantizar finalmente el cumplimiento de los derechos humanos para lograr el Estado de Bienestar de la sociedad civil.

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